Nace Oasis: un sujeto, un instrumento

Angelo Scola  23/06/2004

Hace algunos años, en un encuentro con algunos obispos católicos de países de mayoría musulmana, se vio la necesidad de disponer de adecuados instrumentos culturales para alimentar a los cristianos de aquellas tierras. Escritos de pensadores como Guardini o De Lubac, como Guitton o Lewis no están, por lo general, a disposición en lengua árabe y el acceso a su lectura es difícil. Ciertamente se puede acceder a ellos en inglés o en francés, que son las lenguas utilizadas por los que tienen un currículo de estudios medio, pero difícilmente estas lenguas occidentales facilitan el necesario proceso de inculturación de la fe. Y la lengua no es un mero instrumento de comprensión, sino un insustituible medio de confrontación y un factor indispensable de personalización y de comunión sin el cual es difícil dar sustancia a la fe y, sobre todo, que se forme establemente una Iglesia.

El 6 de mayo del 2001 el Santo Padre, con ocasión del encuentro con las comunidades musulmanas en el gran patio de la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco, afirmó: «los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna, y a sus hermanos y hermanas mediante el vínculo de la religión». La imagen del oasis como lugar de descanso, de parada y de paz, que permite el encuentro con Dios y con los hermanos, se nos ofrece como una indicación precisa de trabajo.

A partir de estas dos circunstancias ha nacido, poco a poco, la idea de crear este instrumento: la revista Oasis. El intento original, que fue el de salir al encuentro de la sed cultural de los cristianos en los países de mayoría musulmana, se ha ido precisando ulteriormente.

Una primera profundización de objetivos ha sido de carácter, por así decir, cuantitativo y geográfico. Así, se ha pensado recurrir también a la lengua urdu, sobre todo para Pakistán. Sin renunciar en el futuro a usar también otras lenguas (por ejemplo el indonesio), ésta ha parecido la solución que permite una primera mediación realista entre una perspectiva ideal de difusión y nuestras actuales posibilidades.

Cuando los técnicos de la redacción se han puesto a trabajar concretamente, hemos sido conducidos progresivamente a un ulterior ensanche del horizonte. Partiendo de los destinatarios, se ha visto que sería útil articular cuatro versiones bilingües, es decir, italiano, francés-árabe, inglés-árabe e inglés-urdu. Esto ha conducido a precisar el objetivo inicial en sentido cualitativo. Hemos descubierto que Oasis debe favorecer un intercambio teológico-cultural orgánico entre cristianos (sin excluir miembros de otras religiones) de las áreas europeas anglófonas, francófonas, italianas, medio-orientales, norteafricanas, árabes y de lengua urdu.

Oasis, como sujeto y como instrumento de expresión, puede, de alguna manera, favorecer el nacimiento de un sujeto comunional cuyos protagonistas sean cristianos de Occidente, de Medio Oriente, de Extremo Oriente y de África. Esto nos invitará, ante todo, a escucharnos recíprocamente, a conocernos y a comprendernos. Y tendrá como importante consecuencia la de ayudarnos a afrontar el fenómeno “musulmán” y, más en general, el fenómeno de las grandes religiones.

Al mismo tiempo, este instrumento podrá educar a los bautizados que viven en países tradicionalmente cristianos a encontrar a los musulmanes y a los hombres de las otras religiones que, hoy muy numerosos, viven en Europa y en América. El objetivo que Oasis se propone es, por tanto y sin lugar a dudas, ambicioso y complejo. Si no queremos ceder a la tentación intelectualista de pensar que es suficiente ofrecer claves de interpretación, la revista no puede ser otra cosa que la expresión de un sujeto comunitario decidido a emprender un trabajo de camino común.

Este sujeto está fundamentalmente representado por el conjunto del Comité Promotor, del Comité Científico, de la Redacción de la Revista y del Studium Generale Marcianum, realidad de la Iglesia de Venecia que ha asumido la tarea de promover directamente este proyecto.

En síntesis, Oasis quiere constituir la expresión cultural de una red de relaciones nacidas a partir de la communio catholica que sepa asumir las tareas y las responsabilidades cada vez más urgentes que hoy surgen a los fieles cristianos en el horizonte de la relación Este-Oeste. La identidad católica de Oasis reconoce el ecumenismo, la teología de las religiones, el diálogo interreligioso y la apertura a todas las culturas como dimensiones irrenunciables e intrínsecas a la propia naturaleza.

A nadie escapa el dato que desde el 2000 hasta ahora la situación geopolítica global a partir de Medio Oriente y de los países de mayoría musulmana ha empeorado notablemente. La gravedad de la crisis internacional, causada por el terrorismo y por la guerra, está ante los ojos de todos. En muchos países la situación de las comunidades cristianas ha sido duramente probada.
 

Estamos convencidos de que la primera inderogable tarea sea la de buscar, conocer y comprender. En efecto, cada vez es más evidente la complejidad de la actual situación histórica y eclesial en la que vivimos. Dicha situación no se puede definir de manera total con la simple categoría de la confrontación entre etnias, culturas y religiones. Es necesario reconocer juntos otras dimensiones para comprender la instancia que vive en la urgencia de esta inédita mezcla entre pueblos a la que el Autor de la historia parece querer llamar a la humanidad. Si se nos permite una audaz metáfora, podíamos hablar del inevitable darse de una especie de “mestizaje de civilizaciones”, de manera que el encuentro no se transforme inevitablemente en un choque. Mestizaje en sentido figurado como mezcla de culturas y de hechos espirituales que se producen cuando civilizaciones distintas entran en relación. Además, tenemos en común la naturaleza humana en la que se apoya la familia de los pueblos.

Personalmente consideramos que categorías como “reciprocidad”, “tolerancia” e “integración”, que son claramente occidentales, se están revelando como insuficientes. No tanto por lo valores a los que remiten, cuanto por aquello que no son capaces de pensar ni de comunicar. Si las consideramos con atención, se revelan como categorías en las que puede esconderse, sobre todo en Occidente, la tentación de ahorrar a la libertad de los hombres y a la organización de los pueblos la urgencia de exponerse en primera persona. Tales categorías pudiesen, quizás, ser útiles para marcar los límites de la supervivencia humana, pero no para pensar los fundamentos de esta nueva compenetración planetaria que tendrá necesidad de un nuevo orden y gobierno mundiales. En un contexto diferente Lewis afirmaba agudamente: «la igualdad protege la vida, no la alimenta. Es una medicina, no la comida». Hablar de “tolerancia”, de “reciprocidad” y de “integración”, en efecto, no puede bastar.

Una categoría que nos parece necesario introducir es, en cambio, la categoría de “testimonio”. Dicha categoría pone en juego inmediatamente a cada hombre y a cada mujer, llamándoles a exponerse, a pagar personalmente, a no decidir anticipadamente hasta dónde se puede llegar en el encuentro y en el diálogo.

Pero se debe saber traducir dicha categoría en términos y formas realistas de naturaleza cultural, social y política en vistas a la “vida buena” de los pueblos y para el bien de la Iglesia. Objetivos que hay que perseguir sin huidas utópicas e intelectualistas.
 

Somos muy conscientes de la audacia de la empresa que nos hemos propuesto. Pero también estamos llenos de confianza.