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¿Un destino islamista para Marruecos?

P. Marc Boucrot | lunes, 12 de diciembre de 2011

La portada de un semanario publicado una semana antes de las elecciones legislativas del 25 de noviembre de 2011 en Marruecos llevaba por título «Marruecos será islamista» y, por subtítulo: «salvo un milagro o alguna maniobra de palacio» (Tel Quel n. 497). Pues bien, ¡ya está!

Después de la adopción de la nueva constitución aprobada por referéndum a comienzos de julio de 2011, los marroquíes acudieron a las urnas para elegir a sus diputados y el gran vencedor es el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) calificado de “islamista”: obtuvo 107 escaños, con una gran ventaja respecto al partido del Istiqlâl, que quedó en segunda posición con 60 escaños. El porcentaje de participación (45,40%) fue superior respecto a las últimas elecciones de 2007 (37%). Cabe observar que de los 21 millones de electores con derecho a voto, sólo 13,5 millones están inscritos en las listas electorales.

Por otra parte, votaron poquísimos marroquíes residentes en el extranjero, porque el voto a distancia no les conviene. Por tanto, de hecho la abstención fue más bien alta. Al parecer estas elecciones han sido transparentes, aunque el Consejo Nacional de los Derechos Humanos observó algunas irregularidades que, sin embargo, son irrelevantes. Los observadores internacionales son de la misma opinión. ¿Cómo dar cuenta de esta etiqueta de partido “islamista”? En francés encontramos los adjetivos islamista, islámico (con frecuencia asociado a la palabra terrorismo), musulmán. El PJD no representa a todos los “islamistas” de Marruecos, considerando que otro partido de esta tendencia (el Partido del renacimiento y la virtud) no ha obtenido ningún diputado, y que el movimiento al-‘Adl wa al-Ihsân —Justicia y Caridad—, (que nunca ha sido reconocido como partido político) estaba a favor del boicot.

Quizá podríamos aventurar una comparación. En Europa, numerosos países han conocido partidos que llevaban la etiqueta “cristiana” (la Democracia Cristiana), y es cierto que los valores cristianos están presentes en las raíces de Europa. En el Magreb los valores musulmanes están muy presentes en las raíces de su historia (en cualquier caso, al menos a partir del siglo VII) y el Islam representa la referencia privilegiada para sus pueblos, pero sin que se pueda distinguir claramente entre el Islam-cultura y el Islam-religión (al respecto, una encuesta publicada este verano en Marruecos muestra que, si bien los jóvenes consideran al Islam el elemento central de su identidad, al mismo tiempo, son poco practicantes por lo que se refiere a la oración —sólo el 34% reza con asiduidad, mientras que todos ayunan durante el Ramadán— y no tienen ningún complejo a la hora de vivir su sexualidad antes del matrimonio). ¿El PJD, pues, no sería mutatis mutandis el equivalente musulmán de un partido “demócrata-cristiano”?

¿Cómo explicar su victoria aplastante?

Hemos asistido a una ascensión gradual del PJD: 42 diputados en 2002, 47 en 2007 y 107 en 2011. Cabe decir que en las precedentes elecciones legislativas, de algún modo se había “auto-censurado” al no presentar candidatos en todas las circunscripciones, mientras que esta vez ha cubierto 91 de 92. Su victoria es muy clara en las grandes ciudades: Casablanca, Tánger, Rabat, Fez y Marrakech; allí su victoria es espectacular. Lo es mucho menos en el mundo rural. Esta victoria también se debe al hecho de que la mayoría del anterior parlamento (la “Kutla” —el bloque— constituido por el partido Istiqlâl, la Unión Socialista de las Fuerzas Populares y el Partido por el Progreso y el Socialismo) sufrió un voto-sanción. El PI sale adelante con habilidad (52 elegidos en 2007, 60 en 2011), mientras que el USFP está en decadencia: 50 escaños en 2002, 38 en 2007, 39 en 2011, así como el PPS (18 escaños en 2011). La usura del poder los ha marcado inevitablemente, puesto que muchos de sus miembros han sido ministros en repetidas ocasiones, además de que las elites a la cabeza son siempre las mismas, por lo tanto, personalidades bastante “viejas”. Al contrario el PJD, a partir de su fundación, supo movilizar militantes y renovar sus líderes, a parte de ser uno de los pocos partidos que practica una verdadera democracia interna, a diferencia de los demás (¡algunos no organizan ni siquiera los congresos, a pesar de que estén previstos en los Estatutos!).

¿Qué sucederá ahora?

Conformemente a la nueva constitución, el rey acaba de nombrar a Abdelilah Benkirane, hasta ahora secretario general del PJD, al cargo de Primer Ministro. Observemos que, análogamente, en la precedente legislatura el rey había nombrado como Primer Ministro a ‘Abbas el-Fassi, secretario general del PI, que había ganado, a pesar de que esto, según la constitución de aquella época, no fuera obligatorio. Al ser la mayoría absoluta en el parlamento de 198 escaños, el PJD no puede gobernar solo, tiene que buscar alianzas. ¿En qué parte? El PI ha manifestado que está dispuesto a pactar y, efectivamente, sería “natural”, pues tienen en común referentes bastante cercanos. El USFP es muy reluctante, porque algunos de sus militantes preferirían pasar a la oposición para “recuperar su virginidad”, así como el PPS (aunque en algunos ayuntamientos el PPS ya colabora con el PJD). El PJD, pues, podría dirigirse a dos partidos que hasta este momento estaban en la oposición: el Movimiento Popular (MP), partido muy presente más bien en el mundo rural y cercano al mundo bereber, o la Unión Constitucional (UC), partido de notables.

Las negociaciones están en curso... En la oposición tendremos a los ocho partidos que para la campaña electoral se reunieron bajo la etiqueta “Alianza por la Democracia”, pero algunos (entre los cuales, el MP) podrían sentirse tentados de acercarse al PJD. Quedarán el PAM (Partido por la Autenticidad y la Modernidad, definido “partido del rey” porque fue fundado por uno de sus amigos, Fouad ‘Ali el-Himma), fuerte gracias a sus 47 diputados, y el RNI (Unión Nacional de los Independientes, cuyo líder era el Ministro de Finanzas en el gobierno anterior) con 52 diputados.

¿Cuál es el programa del PJD?

El PJD se compromete a reducir a la mitad la pobreza, a reducir la tasa de analfabetismo y el desempleo (reducción del 2%, institución de un subsidio), a una repartición de las riquezas (con un salario mínimo garantizado de 3.000 dirhams, o sea 275 euros al mes) y a alcanzar una tasa de crecimiento del 7%. En el plano de las libertades individuales, se muestra tranquilizador: ninguna prohibición de consumo de alcohol ni la obligación de llevar el velo... En definitiva, ¡un Islam “light”! ¿Simples promesas electorales? ¿El futuro? En cualquier caso el próximo parlamento deberá trabajar. Deberá elaborar y promulgar 17 leyes orgánicas previstas por la nueva constitución...

Las más importantes versan sobre la ampliación de las prerrogativas del Primer Ministro y del gobierno, así como del Parlamento. Será necesario, asimismo, instituir una regionalización más extendida, con una democracia local más avanzada: el poder ejecutivo de los consejos provinciales y regionales ya no deberán ejercerlo los gobernadores o los walî, sino un presidente de la provincia o de la región elegido. Benkirane, que acaba de ser nombrado Primer Ministro, durante toda la campaña electoral no ha cesado de declarar que «ha llegado el momento de que el pueblo ocupe de nuevo su sitio, que gobierne en lugar de ser gobernado». Se considera que el PJD es más bien celoso de su autonomía y Benkirane es conocido por su fuerte personalidad, aunque muestre cierta deferencia hacia el rey. Por lo tanto, no debería haber “enfrentamientos” entre el rey y su nuevo Primer Ministro. En cuanto a los consejeros del rey, en cambio, podrían encontrar mayores dificultades a interponerse entre los dos.

¿Podemos comparar las elecciones de Marruecos con las de Túnez o Egipto?

La “revolución de los jazmines” tunecina inspiró el “Movimiento del 20 de febrero”, que reúne a jóvenes de varias corrientes de izquierda y a jóvenes “islamistas” del movimiento Al-‘Adl wa al-Ihsân. Estos han organizado manifestaciones en las principales ciudades de Marruecos, cada semana durante casi cinco meses hasta el referéndum, y también antes de las elecciones del 25 de noviembre. Sin embargo, no se puede hacer una comparación: cada país tiene su propia historia y sus instituciones.

A menudo se hace referencia a Turquía: ciertamente, el AKP tiene muchos aspectos en común con el PJD marroquí, pero Turquía es un país laico (el ejército garantiza la laicidad), mientras que Marruecos es una monarquía cuyo rey es “Comandante de los Creyentes” y ejerce un poder tanto religioso como político. Aunque la nueva constitución conceda más poder al Primer Ministro, el rey seguirá siendo una figura de primer plano, si no la primera, de la vida política marroquí.

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