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Suzanne Taha Hussein, Avec toi. De la France à l’Egypte: «un extraordinaire amour» Suzanne et Taha Hussein

Avec toi. De la France à l’Egypte: «un extraordinaire amour» Suzanne et Taha Hussein (1915-1973)

Autor: Suzanne Taha Hussein
Editor: Le Cerf, Paris 2011
Meriem Senous | martes, 13 de marzo de 2012

Cuando murió su marido, el gran escritor egipcio Taha Hussein, Suzanne Taha Hussein, que en esa época tenía ochenta años, comenzó a redactar sus memorias. La editorial Cerf propone ahora la versión original titulada Avec toi, mientras que la traducción árabe Ma‘ak apareció hace algunos años con la editorial al-Ma‘arif. Enriquecido con el prólogo de la hija, Amina Taha Hussein, el volumen narra la historia del encuentro entre dos personas cuyos destinos nunca habrían debido cruzarse y, menos aún, unirse para recorrer paciente y fielmente un camino tan largo juntos. Un recorrido lleno de alegrías pero también plagado de dificultades. Los dos esposos no tenían nada en común, pero lo compartieron todo, vinculados por el afecto mutuo y el amor incondicional por Egipto.

Todo es extraordinario en esta historia. En primer lugar, su encuentro: becario en París, Taha, un joven estudiante ciego, busca una lectora. El destino le manda una joven mujer refugiada en Montpellier a causa de la guerra. De simple lectora, la joven mujer asume la función de secretaria personal, pasa a escribirle los deberes y lo ayuda en la tesis. El recuerdo de su primer encuentro marcó a Taha con una intuición que iba a realizarse muy rápidamente, resumida en esta frase premonitoria: «Era el 12 de mayo de 1915, en Montpellier, entre las 6 y las 7 de la tarde, y entre dos temporales […]. Esperaba esta visita […], este es el día más feliz de mi existencia». Con el tiempo, Suzanne se convertirá no sólo en una asistente asidua y eficiente, sino también y sobre todo en una compañera de viaje fiel, atenta y reservada, indispensable e infalible sostén en una vida de batallas, a menudo dolorosas, de un hombre precursor de su tiempo.Después de cursar brillantemente sus estudios en Francia, Taha Hussein regresó a su patria, donde comenzó una carrera como intelectual y educador. Alentado por el sostén inquebrantable de su mujer, comenzó a reformar la sociedad egipcia en particular en el ámbito más delicado y crucial: la educación.

En 1942 fundó la universidad de Alejandría, dirigió brillantemente el ministerio de educación nacional, donde dejó la huella imborrable de su acción, sobre todo a favor de la revisión y modernización del sistema escolar, en la lucha perenne contra las disparidades sociales y en lo que más le interesaba: extirpar la plaga de la discriminación contra las mujeres. Encarnó el Islam de las luces en la batalla por el acceso de su pueblo y, en particular de la franja femenina, a la educación y la emancipación, para sacarla del oscurantismo religioso y social. Su objetivo era, en resumen, combinar de modo inteligente y pacífico tradición y modernidad.

Tanto en las pequeñas anécdotas que describen su vida familiar diaria, como en los meandros de los grandes acontecimientos históricos, resalta el retrato original de Taha Hussein. Este revela una personalidad compleja, genial, única, cuyos rasgos más característicos fueron la valentía, la tenacidad, la fe, pero también el respeto por los demás, el apego visceral a su país, la apertura mental, la generosidad y la curiosidad por el mundo. Cualidades muy valiosas que lo guiarán en todo su recorrido como últimas armas contra su pesimismo innato, personificado por su ídolo Abû al-‘Alâ’ al-Ma‘arrî, gran poeta árabe del siglo XI, ciego, famoso además que por su talento por su visión taciturna de la existencia y del mundo. A al-Ma‘arrî Taha Hussein dedicó una brillante tesis doctoral, reconociéndose plenamente en medio de los tormentos de sus preocupaciones existenciales. A quien en un ensayo titulado De loin, evocando a su ídolo escribía: «Detesto intensamente mi persona y junto con ella odio la vida. En cada cosa no veo sino el mal, me entristezco por todo, lo desprecio todo» le convirtió, sin duda, la presencia de esta mujer a su lado que logró, con su compañía continua, fiel, reservada y sincera, la empresa de reconciliarlo en primer lugar consigo mismo y su historia.

De la narración trasluce una riqueza de la vida social y cultural del país del Nilo casi asombrosa. Egipto se erigía entonces como punto focal, encrucijada de encuentros e intercambios culturales intensos entre las dos orillas del Mediterráneo. En casa de los Hussein se subseguían personajes históricos como Gide, Cocteau, Tagore, Senghor, La Pira, Massignon, Anawati, por citar sólo algunos. Todos implicados en un esfuerzo, genuino y sincero, de conocimiento y diálogo interreligioso para favorecer el conocimiento entre los pueblos y las culturas, todos motivados por el atractivo y una sana curiosidad hacia el Otro.

Es precisamente en esto que el libro constituye un testimonio raro y, por tanto, precioso, puesto que recorriendo el hilo de su vida común, y más allá de su historia personal, la autora deja traslucir en filigrana un buen trozo de la historia social, intelectual y del desarrollo político de su país de adopción. Un viaje por el espacio que nos hace revivir los altibajos del movimiento nacionalista egipcio y los conflictos regionales que, lamentablemente, sólo acababan de comenzar. Un relato minucioso, adornado de detalles edificantes y reveladores acerca de muchos personajes contemporáneos y acontecimientos que han hecho historia.

Taha y Suzanne lo compartieron todo: desde los honores por el reconocimiento del genio de Taha de parte de sus semejantes, a las gratificaciones académicas y políticas de una carrera rica y fulgurante. Pero todavía más los momentos trágicos de rechazo y de incomprensión ante esta vena liberal y emancipadora que no todos aceptaban y que culminaron en el linchamiento mediático y en los complots que urdieron numerosos enemigos de Taha, a quien se le escapaban las sutilezas de la política reformadora vanguardista.

La relación especial que unía al gran escritor egipcio, que encarnó la corriente reformadora musulmana del siglo XX, y a la joven burguesa cristiana desmiente a cuantos predican la imposibilidad para las culturas occidental y oriental de encontrarse, respetarse y compartir un camino juntos. A pesar de sus diferencias, o gracias a estas, los dos esposos eran una pareja complementaria y unida, que compartía las pequeñas preocupaciones de una vida cotidiana pero a la vez los grandes designios de un extraordinario destino común.

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