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Etiopía: Cristianos desde el principio del cristianismo

Las doce iglesias “monolíticas” de la ciudad etíope de Lalibela, excavadas en la roca, son un testimonio vivo de la intensa fe cristiana del pueblo etíope. Construidas hace ochocientos años, visitarlas es una experiencia espiritual comparable a la visita de los santos lugares de Jerusalén. Los canticos litúrgicos, el olor a incienso, el paisaje sobrecogedor, el silencio de los monjes y de los peregrinos… todo en este lugar, hasta el más pequeño detalle, evidencia la presencia de Dios.

Miguel Pérez Pichel | miércoles, 05 de diciembre de 2012

Etiopía se encuentra situada geográficamente en uno de los lugares más conflictivos del planeta. En pleno Cuerno de África, comparte fronteras con países como Somalia, Sudán, Sudán del Sur o Eritrea, donde la inestabilidad y la guerra son una amenaza constante. Etiopía ha sufrido mucho en su historia reciente: dictaduras, guerra, hambre… Pese a todo, en el aspecto religioso ha conseguido encontrar un modelo de convivencia eficaz.

Pluralismo religioso. Los cristianos constituyen el mayor grupo religioso de Etiopía, que se caracteriza por su diversidad religiosa. Según datos del último informe sobre libertad religiosa en el mundo de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), este país africano tiene 82.101.998 habitantes. De ellos, el 37,5% se declara cristiano ortodoxo, el 18,4% protestante y el 0,7% católico: en total, los cristianos son el 56,6%. El rito copto es el que observan tanto los ortodoxos como la mayoría de los católicos. El segundo grupo religioso en importancia numérica es el de los musulmanes: el 34,7% de la población. Aquellos que siguen religiones tradicionales africanas de tipo animista o pagano son el 8,4%. Por último, un 0,3% pertenece a otras religiones.

Por tanto, la Iglesia ortodoxa etíope es la más importante del país, con unos 28.489.393 fieles, aunque, si se añaden los que viven más allá de las fronteras etíopes, tiene un total de cerca de cuarenta y cinco millones en todo el mundo. El mes de agosto falleció su patriarca, Abune Paulos, y todavía no tiene sucesor. Tienen una especial veneración por el Arca de la Alianza, que dicen custodiar en una pequeña capilla de la ciudad de Axum. Según esa tradición, el Arca habría llegado a Etiopía en tiempos del rey Salomón. Su hijo Menelik, hijo también de la reina de Saba, había nacido en el antiguo reino de Axum (con capital en la ciudad del mismo nombre), del que tenemos noticias a partir del siglo I, pero cuyos orígenes se remontan al siglo VII antes de Cristo, con la llegada de pueblos semitas procedentes de la península arábiga; se extinguiría en el siglo X. Cuando creció, Menelik fue a visitar a su padre a Jerusalén. Permaneció allí tres años y a su regreso a Axum, llevó consigo desde Jerusalén el Arca de la Alianza sin que su padre lo supiera. Esto hace de la ciudad de Axum un lugar sagrado para los cristianos, una “segunda Jerusalén”.

Pero hay otro lugar santo para los cristianos en Etiopía: Lalibela. Ahí se estableció la capital del reino etíope tras la caída de Axum en el siglo X. Ahí están las doce iglesias excavadas literalmente en la roca hace ochocientos años, que sorprenden por su fuerza espiritual y por ser un testimonio real de la fe del pueblo etíope. Las más conocidas son las de Bieta Giyorgis (casa de san Jorge) y Bieta Medhane Alem (casa del Salvador del Mundo), la mayor iglesia existente labrada de una sola pieza. Para los etíopes, Lalibela es más que un conjunto de iglesias: es el símbolo de una promesa de redención.

Otro rasgo característico de la fe de los coptos etíopes, tanto ortodoxos como católicos, es una gran veneración por la Virgen María. También tienen muchos elementos heredados de la tradición judía; por ejemplo, los varones son circuncidados al octavo día de su nacimiento, observan el sabbath y no comen carne de cerdo.

Una Iglesia creciente. La Iglesia católica en Etiopía, cuyo actual primado es el arzobispo de Addis Abeba, Mons. Abune Berhane-Yesus Souraphiel, tiene trescientas cuatro parroquias, once obispos, quinientos cuarenta y cinco sacerdotes, ochenta y tres religiosos y setecientas once religiosas. Se estructura en ocho vicariatos apostólicos (Awasa, Harar, Meki, Nekemtee, Soddo, Hosanna, Jimma-Bonga y Gambella), dos diócesis (Adigrat y Emdeber) y una sede metropolitana, la de Addis Abeba, de la que dependen a su vez las diócesis sufragáneas eritreas de Keren, Barentu y Amara. Sin embargo, no está reconocida por el estado etíope por lo que realiza todas sus actividades a través del Secretariado Católico Etíope. Por medio de esta institución sin ánimo de lucro la Iglesia realiza toda su actividad misionera.

Las misiones católicas ascienden a seiscientas noventa y cinco, y en ellas atienden tanto a la población local como a los 288.844 refugiados procedentes de los países limítrofes, sobre todo de Somalia. Sólo a través de Cáritas, que cuenta con quinientos voluntarios en Etiopía y un presupuesto de 630.000 dólares americanos, la Iglesia atiende a cerca de 500.000 personas afectadas por la hambruna desatada tras la sequía que golpeó en 2011 a todos los países del Cuerno de África. Es, por lo tanto, una Iglesia pequeña, pero muy activa en proyectos misioneros.

Aunque el gobierno no la reconoce, sí que la respeta ya que al ver la gran cantidad de proyectos e iniciativas en favor de las personas más desfavorecidas y del desarrollo del país, presupone que la Iglesia católica posee grandes recursos. Lo que sí es verdad es que los católicos son los más activos a la hora de ayudar a los pobres.

La agricultura y la ganadería son los principales sectores de la economía. Por ese motivo, las frecuentes sequías y la erosión del terreno generan graves crisis que sitúan a la población en el límite de la supervivencia. Como consecuencia, la hambruna ha sido una trágica constante en la historia actual de Etiopía. En la sequía de 1972 murieron 200.000 personas por falta de recursos, mientras que en las de 1984 y 1985 algunas fuentes hablan de casi un millón de muertos. Los efectos de estas hambrunas se agravaron como consecuencia de las desastrosas políticas de reasentamiento del régimen comunista que gobernó Etiopía entre 1974 y 1991, y por la guerra civil que se libró entre 1961 y 1991, y de la que nació la Eritrea independiente. Etiopía y Eritrea se volverían a enfrentar de nuevo entre 1998 y 2000, en un conflicto en el que murieron 70.000 personas. Esta última guerra coincidió con un nuevo período de escasez de lluvias entre 1999 y 2000, que tuvo resultados devastadores.

Orígenes cristianos. La Iglesia católica ha estado presente en Etiopía desde los inicios del cristianismo. Ya en los Hechos de los Apóstoles se narra cómo el apóstol san Felipe bautiza, cerca de Jerusalén, a un dignatario de la corte etíope del reino de Axum.

Pese a este primer contacto, hubo que esperar al siglo IV para que el mensaje del Evangelio arraigara en estos territorios. En torno al año 335, en pleno apogeo del imperio axumita, el emperador Ezana se convirtió al cristianismo gracias a la predicación de san Frumencio. Este santo fue consagrado primer obispo de Etiopía por san Atanasio, patriarca de Alejandría en comunión con el Papa, en el año 341 después de Cristo. Por lo tanto, el cristianismo hunde sus raíces en la tradición histórica más antigua del país africano. La fe cristiana se expandió rápidamente por todo el país. Sin embargo, debido al debate en torno al monofisismo (doctrina que niega la naturaleza humana de Cristo y que fue aceptada por el patriarca de Alejandría) en el siglo VI cristianos egipcios y etíopes se separaron de Roma: surgía así la Iglesia ortodoxa copta.

Entre los siglos XIII y XVII hubo varios intentos de solucionar la división entre católicos y coptos ortodoxos etíopes. Los misioneros jesuitas realizaron una importante labor en este sentido, pero la estrecha vinculación de la Iglesia copta con la identidad nacional etíope frustró toda posibilidad. En el siglo XVII fueron expulsados todos los misioneros católicos. Hubo que esperar a los años 1839 y 1846 para que las actividades misioneras se reanudaran, impulsadas por san Justino de Jacobis y por el cardenal Massaja. La Iglesia católica volvió a arraigar en Etiopía, y desde entonces ha permanecido ininterrumpidamente hasta nuestros días.

Católicos y ortodoxos etíopes comparten la misma tradición litúrgica, los mismos sacramentos y la misma devoción por la Virgen María y por los santos. Los católicos etíopes tienen dos tradiciones litúrgicas. En el norte se celebra el rito copto en idioma ge’ez (antigua lengua semítica ya desaparecida) y que es el mismo rito que el empleado por los ortodoxos etíopes. En el sur, donde no existía una tradición cristiana tan arraigada como en el norte del país, se celebra según el rito latino en la lengua local.

Presencia islámica. Junto a los católicos y ortodoxos, en Etiopía también hay protestantes, musulmanes, judíos y animistas. El islam, la segunda religión por su peso numérico, entró en Etiopía en el siglo VII. Un grupo de seguidores de Mahoma fueron acogidos por un rey cristiano, cuando huían de los enemigos de la predicación islámica que en aquel momento controlaban La Meca. Se expandió mediante la conquista de todos los territorios colindantes, eliminando el cristianismo de Nubia, donde había enraizado con fuerza. A partir del siglo VII, el islam dejó a Etiopía aislada del resto de la cristiandad como un islote cristiano en medio de una inmensa llanura musulmana.

En 1526, el caudillo musulmán Ahmed ibn Ibrahim (conocido como Ahmed Grañ) inició una ofensiva contra la Etiopía cristiana. Entre 1529 y 1543, Grañ fue quemando iglesias provincia por provincia, arrasando monasterios y asesinando a cristianos que se negaban a convertirse al islam. El emperador etíope Lebne Denguel se refugió en el monasterio de Debre Damo donde murió en 1540. Un año más tarde una expedición portuguesa desembarcó en el puerto de Massaua y derrotó a Grañ en 1543. El caudillo murió en la batalla y los musulmanes no volvieron a amenazar al reino cristiano.

En la actualidad, las relaciones entre musulmanes y cristianos se caracterizan por un equilibrio entre la cordialidad y el recelo. La Constitución etíope garantiza la libertad religiosa, y el gobierno intenta que haya entendimiento entre las distintas confesiones. Las autoridades religiosas dialogan sobre los temas que les afectan, pero en ocasiones se producen choques e incluso hay casos de violencia.

“Beta Israel”. Para comprender el mapa religioso de Etiopía es necesario hablar de los judíos etíopes, conocidos como “Beta Israel” o falashas.
Su origen es incierto. Los falashas aseguran descender del rey Salomón y la reina de Saba. No obstante, es probable que se trate de un pueblo oriundo de Etiopía que adoptó el judaísmo en los primeros siglos de la era cristiana, tras la destrucción del templo de Jerusalén. En los años setenta del siglo XX, la población judía en Etiopía ascendía a cerca de 300.000 personas. Sin embargo, las hambrunas ocasionadas por las sequías de los años 1974, 1984 y 1985, así como la revolución marxista de 1974, les llevaron a huir del país para refugiarse en Sudán o en otros países limítrofes. A lo largo de los años ochenta y principios de los noventa del siglo XX, el Estado de Israel organizó varias operaciones militares con la finalidad era rescatar a los judíos etíopes y trasladarlos a Tierra Santa. En la actualidad, el número de los judíos en el país africano es casi simbólico, aunque la comunidad falasha tiene una gran presencia en Israel, donde mantiene el recuerdo de su pasado etíope.

Libertad religiosa. La Constitución recoge esta variada y característica pluralidad y reconoce la libertad religiosa, incluida la libertad de predicación y de conversión a otra religión. Además, la Constitución establece la laicidad del Estado, y establece la separación entre el Estado y la religión. El gobierno procura que estos derechos sean respetados, pero en ciertas regiones se han registrado casos de hostilidad social contra las minorías religiosas. En este sentido, muchas veces las leyes y normas constitucionales se incumplen a nivel local, y la autoridad federal no siempre actúa para que se observen.

El informe de AIN recoge algunos casos de violencia anticristiana registrados en los últimos años. En enero de 2011, la pequeña comunidad evangélica de la ciudad de Besheno sufrió numerosas amenazas por parte de radicales islamistas. En esta ciudad, un líder cristiano había sido herido de gravedad en noviembre de 2010, y dos cristianos más fueron obligados a convertirse al islam. Además varias familias encontraron en las puertas de sus casas mensajes con amenazas de muerte si no se convertían al islam o abandonaban la región.

El 2 de marzo de 2011 se inició una ola de violencia anticristiana que se cobró la vida de una persona y numerosos heridos. Una muchedumbre de musulmanes incendió cerca de treinta casas y sesenta y nueve iglesias. Cuatro mil cristianos se vieron obligados a huir de sus hogares. En este caso, el ataque se inició después de que trascendiera un rumor infundado según el cual un cristiano habría profanado un ejemplar del Corán. Las comunidades evangélicas y pentecostales fueron las más afectadas. Por si esto fuera poco, el 21 de abril de 2011, cuatro extremistas musulmanes mataron a un pastor evangélico en la ciudad de Worabe (de mayoría musulmana) después de apalearlo con barras.

Los cristianos coptos ortodoxos también han sufrido casos de violencia. El 29 de noviembre de 2011 quinientos estudiantes musulmanes destruyeron una iglesia copta en la localidad de Qoto Balso después de incendiarla.

El gobierno etíope se ha mostrado preocupado por el auge del radicalismo entre los musulmanes. Por ejemplo, existen pruebas de que extremistas islámicos de la rama wahabí tienen como proyecto instaurar la sharía (ley coránica) en Etiopía.

* Fuente: Palabra, 1 de diciembre de 2012. Nº 594

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